lunes, 30 de marzo de 2009

Abraham


No sólo le habían quitado su libertad, sino también se cagaron en su vida.


Lo vi en su mirada fatigada y desalentada, cuando en mi primera ronda de la tarde, tras las rejas oxidadas le pregunté su nombre. Un escuálido cuerpo se reacomodó en la maltrecha litera, sin interés y mirándome de soslayo respondió, -Abraham-.


No, no sólo le quitaron su libertad, fue más brutal aún en latigazo. Confinado en un frío y maloliente pabellón saturado de incómodas literas, lechos improvisados y cuerpos deambulantes, también tuvo que pasar las horas, de cada uno de los días de su sentencia, sabiendo que, en la calle, ahora quien roba para comer, es su hermano pequeño.

viernes, 13 de marzo de 2009

El lado gore de los cuentos

En el diario de distrubución gratuita 20 Minutos encontré esta nota, que podrán ver completa en el enlace. Acá dejo extractos interesantes (al menos para mi).


"Según explica el escritor Jesús Callejo en su libro Los dueños de los sueños, muchos de los cuentos hoy considerados como "clásicos" -la mayoría de tradición oral y origen popular- nunca tuvieron la pretensión de ser infantiles.

El francés
Perrault fue uno de los primeros en recoger por escrito las narraciones populares, publicando en 1697 Historias y relatos de antaño. Perrault eliminó los detalles más escabrosos, no porque su obra fuera destinada a los niños, sino porque sería leída en la refinada corte francesa.
Los hermanos Grimm, en su recopilación Cuentos para la infancia y el hogar (1812 y 1815) adornaron y endulzaron las narraciones, incluso tuvieron que cambiar varios detalles de los originales para satisfacer las exigencias del público burgués. De edición en edición, la censura era cada vez más rígida, debido a la extrema dureza de las historias.

Algunos ejemplos:

Blancanieves: La joven, una vez casada con su príncipe, prepara la vendetta contra la perversa reina por intentar asesinarla: "Habían puesto ya al fuego unas zapatillas de hierro y estaban incandescentes. Tomándolas con tenazas, la obligaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta" (Hermanos Grimm).


Cenicienta: La madrastra corta los dedos y los talones a sus hijas para que les quepa el zapato. El príncipe las descubre "al ver correr la sangre". Al final, las palomas de Cenicienta pican a las hermanastras en los ojos, "quedando ciegas toda su vida". (Grimm)"